He visto muchas obras mal empezadas. Y casi siempre los problemas tienen el mismo origen: algo que se podría haber evitado antes de firmar.
Aquí van los cinco errores más comunes.
1. Elegir por precio sin leer el presupuesto
El precio más bajo rara vez es el más barato al final.
Un presupuesto bajo puede significar que falta mano de obra, que usan materiales de menor calidad o que van a ir añadiendo partidas a lo largo de la obra. Cuando te das cuenta, has gastado lo mismo (o más) pero con peores resultados.
Cuando compares presupuestos, mira qué incluye cada uno. Dos presupuestos de 8.000 € pueden ser completamente distintos si uno incluye la retirada de escombros, el replanteo y las ayudas de albañilería y el otro no.
2. No pedir el presupuesto por escrito
Un presupuesto de palabra no vale nada.
El presupuesto tiene que estar por escrito, con descripción de cada partida, materiales, mano de obra y condiciones de pago. Si alguien te da solo un número sin detallar, no firmes.
En un presupuesto bien hecho tienes que poder ver exactamente qué se va a hacer, con qué y en cuánto tiempo.
3. Pagar todo por adelantado
Ningún profesional serio te pide el 100% por adelantado.
Lo habitual es un pago inicial al firmar (para reservar la fecha y comprar materiales), pagos intermedios según avance la obra y el último pago a la entrega. Si alguien te pide todo el dinero antes de empezar, es una señal de alarma.
4. No visitar la obra durante el proceso
Tú tienes derecho a saber cómo va tu obra.
No hace falta que estés todos los días, pero sí que hagas visitas periódicas y que el reformista te mantenga informado. Si hay algo que no te cuadra, es mucho más fácil corregirlo durante la obra que al final.
Yo mando fotos del avance y estoy disponible para resolver dudas en cualquier momento del proceso.
5. No preguntar quién va a hacer el trabajo
Hay empresas que cogen trabajos y los subcontratan a otros. Tú firmas con una empresa, pero en tu casa trabajan personas que no conoces y que responden ante otra empresa, no ante ti.
Pregunta directamente: ¿lo haces tú o lo subcontratas?
Yo trabajo solo. Lo que me comprometo a hacer, lo hago yo. Sabes con quién hablas y quién entra en tu casa.
Si tienes una reforma en mente y quieres hacerlo bien desde el principio, llámame. Vengo a verlo, te doy el presupuesto por escrito y te explico exactamente cómo lo haría.